Podemos pasar varios días sin comer, beber o dormir. Pero no sin respirar. Respirar es mucho más que llevar oxígeno a los pulmones y eliminar dióxido de carbono. La inhalación o inspiración, oxigena cada célula de nuestro cuerpo. La exhalación o expiración, ayuda al drenaje linfático y desintoxica al organismo. La respiración es nuestra primera fuente de energía: aumenta nuestra vitalidad física, psíquica y espiritual y nos ayuda a restablecer el equilibrio emocional.

Pero, cuando respiramos y nos encontramos escuchando música – música seleccionada – de Bach, Mozart, Debussy o un buen jazz de Miles Davis – y a esto le añadimos olor de escencias selectas, todo cambia. Respiramos la música.

Podemos hacer un equlibrio de frecuencias entre la música, nuestro cuerpo y de las escencias que utilicemos. Es una experiencia única. Ahí, en ese instante, empezamos a respirar la música misma.

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